Que tu café sea amargo no es normal

El amargo intenso no es una característica del buen café: casi siempre es una señal de que algo pasó antes de llegar a tu taza. Te contamos qué es y cómo evitarlo.

Primer plano de una taza de café con crema, granos tostados y cáscara de naranja

Si cada mañana le echas azúcar al café para poder tomártelo, esto es para ti. Nos enseñaron que el café “de verdad” es fuerte, negro y amargo, y que si no te gusta así es porque no sabes de café. Es al revés. El amargo intenso no es una característica del buen café: casi siempre es una señal de que algo pasó antes de llegar a tu taza.

Un poco de amargor es parte del café, igual que en el chocolate oscuro. Lo que no es normal es que el amargo tape todo lo demás: que no puedas distinguir nada, que te raspe la garganta o que necesites leche y azúcar para que pase. Eso no es carácter. Es un problema que tiene nombre y, casi siempre, solución.

El café es una fruta (y se nos olvida)

El grano de café es la semilla de una cereza roja que crece en un arbusto. Como cualquier fruta, tiene azúcares, ácidos y aromas que dependen de la variedad, de la tierra, de la altura y de cómo se cuidó después de la cosecha. Cuando ese trabajo se hace bien, el café conserva notas que sorprenden a cualquiera: banano, toronja, brevas, caramelo, chocolate.

Nuestros cafés vienen de Pitalito, en el sur del Huila, y cada lote tiene su propio carácter. Ninguno sabe igual: Montuno tiene chocolate y chicle, Borbón Naranja es cítrico como una toronja y Locura es dulce, con vainilla y caramelo. Ninguno tiene saborizantes. Todo eso ya estaba en el grano.

De dónde viene el amargo

Si el café es una fruta, ¿por qué tantas tazas saben a quemado? Estas son las razones más comunes:

  • Tuestes muy oscuros. El tueste oscuro se usa para esconder defectos del grano o para que todos los cafés sepan igual. El problema es que quema los azúcares naturales y deja sobre todo amargor y humo.
  • Café viejo o molido hace semanas. El café molido empieza a perder aromas en minutos. Una bolsa abierta hace un mes ya no sabe a lo que tenía que saber.
  • Agua hirviendo. El agua a 100 °C extrae de más y saca los compuestos más amargos. Lo ideal está entre 90 y 96 °C.
  • Demasiado tiempo de preparación. Dejar la prensa francesa media hora o recalentar el tinto en la olla es una receta segura para el amargo.
  • Molienda que no corresponde al método. Si mueles muy fino para una prensa francesa, el agua se queda demasiado tiempo en contacto con el café y lo sobreextrae.

El amargo intenso no es carácter. Es una señal de que algo pasó antes de llegar a tu taza.

Cómo saber si tu café está bien

No necesitas ser barista para notarlo. Un café bien tostado y bien preparado deja una sensación limpia en la boca, tiene algo de dulzor natural y, cuando se enfría un poco, aparecen más sabores en lugar de menos. Si al enfriarse se vuelve más agrio y áspero, o si lo único que sientes es amargo, vale la pena revisar el grano y la preparación.

Una prueba sencilla: prepara tu café de siempre sin azúcar, déjalo reposar dos o tres minutos y pruébalo despacio. Respira por la nariz mientras tomas el sorbo. Pregúntate a qué te recuerda. Si la única respuesta es “a café quemado”, ya sabes por dónde empezar.

Pruébalo tú: tres cambios que se notan

  1. Compra café en grano, de tueste medio y con fecha de tostado visible.
  2. Muele justo antes de preparar, aunque sea con un molino manual sencillo.
  3. Usa agua que no esté hirviendo y respeta los tiempos de tu método.

Con solo esos tres cambios, la mayoría de las personas nota la diferencia en la primera taza. Si quieres ir más allá, en nuestras guías de preparación te explicamos cada método paso a paso, sin tecnicismos.

Entonces, ¿qué café pruebo?

Si siempre has tomado café amargo, empieza por Locura: es el más dulce y redondo de nuestros cafés y suele ser el que más sorprende. Si prefieres algo vivo y jugoso, Borbón Naranja. Y si te gusta el chocolate, Montuno. Si quieres tenerlos todos en casa, existe el Pack 3 sabores, o puedes hacer el test Encuentra tu café. Tres preguntas y te decimos cuál es el tuyo.

Lo que sí te pedimos: la próxima vez, antes de echarle azúcar, pruébalo. Puede que el café que buscas ya esté en la taza.